La Navidad

Resignificar la Navidad, una urgencia social.

Muchas personas tenían la esperanza de que esta navidad sería diferente después del estallido social, sobre todo cuando se desplegaba tanto en banderas como en los discursos aquella hermosa frase “Chile Despertó”: de las injusticias, del mal trato, del exceso de discriminación, del consumismo, de las falsas ideas; fue una hermosa frase ya que nuevamente aparecieron los pinos verdes con nieve, los regalos y el viejito pascuero que se revienta de calor en Copiapó con temperaturas sobre 30°, imágenes que pertenecen al mundo nórdico y que es la forma de representar el solsticio de invierno en aquellas latitudes. No obstante lo anterior, la humanidad necesita esta cierta sacralidad para “no sentirse tan inhumano” pues según el decir de los teólogos “somos seres sagrados por somos hijos de Dios,” tesis que es reforzada y anclada por el capitalismo con el propósito de generar riqueza monetaria. Es por ello que las calles copiapinas se vieron atestadas de personas comprando regalos para un semejante, mientras más caro más satisfecho se sienten las personas…”porque no tenemos derecho a romper el sueño de un niño,” es la justificación que muchas personas dan cuando se les consulta qué celebra en esta fecha, aunque sabemos que esto es tan sólo una justificación.

Aquella  hermosa frase “Chile Despertó,” debiera servir para romper ciertos rituales enajenadores para la persona pues la forma de celebrar la natividad de Jesús, empobrece el simbolismo que esta fecha encierra, la que en definitiva apunta a valorizar al ser humano, a sacralizarlo por el sólo hecho de ser hijo de Dios. Urge entonces, que la sociedad resignifique la Navidad como un rito que va al rescate del ser humano, aprovechar esta instancia y usarla como una forma de ir al encuentro del otro, ser capaz de abrazarle y comprenderlo a través de un diálogo honesto y humanizador;  caso contrario, se podrá vivir marchando y gritando por las calles, pero sin que se produzca un cambio al interior del sujeto y de la sociedad; más aún después de cada marcha estará la Coca Cola, esperando con una botellita para calmar la sed para seguir enajenado

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